Al descubrir la mujer la palabra la envolvió un rubor fascinante; creyó ser artífice de la creación al nombrar cada cosa por su nombre sintiendo que con la voz palpaba la vibración inherente a las esencias puras.
La profana palabra instauró la frivolidad: El goce de lo dicho sin trascendencia alguna.
Instaurada la territorialidad ritual de la palabra el circundamiento de su límite, la sacralizó.
El sentido de la palabra correspondía a los hechos y al honor de lo pactado.
La etimologías evolucionaron; las exégesis incólumes quebrantadas con el óxido del tiempo abrieron paso a hermeneúticas; Babel de la cultura floreció.
Al recorrer la palabra, desde recónditos rincones, pretendieron masificarla, adornándola con artificios.
Las palabras se deshojaron lentamente Y perdieron consistencia y credibilidad; la escritura usurpó la memoria convirtiendo el compromiso en promesa de papel.
Giraron los significados se torcieron los sentidos; la adulación suplantó lo escueto.
Alejandría, recuérdalo, un día las llamas consumieron los saberes como precio de la intolerancia a la diversidad.
El hombre fatigado de la magnitud de las bibliotecas inventó la máquina binaria: sies y noes como presencias y ausencias como juego de paradigmas excluyentes e incluyentes.
La palabra abandonó el recinto tibio el cuchicheo en la penumbra; se convirtió en información navegó por autopistas y en sus redes laberínticas se enredo Teseo obsesionado olvidando la meta y el camino la plausibilidad cedió paso a la entropía.
Nada era perenne, giraban los significados como heliotropos y mantenían la unidad en la diversidad
Lo efímero llegó a la palabra como corrosiva virtualidad sin su soporte.
Había escrito un mensaje en el libro de los libros "En el principio era el verbo y el verbo era Dios"
Llegó la fatuidad devoradora de palabras y consumió el mensaje.
Ya no había verbo, ni palabra; al hombre que hablaba ante el foro nadie lo escuchaba porque carecía de complejidades; era un mimo predicando mimesis era la mismidad desdoblada en simplezas excluyentes en múltiples espejos clonando payasos fútiles abalorios de sonidos todas sonriendo al tiempo todas llorando al tiempo todas las palabras remedándose.
Se recubrió de apariencia la presencia Y desconoció la esencia de la ausencia La copresencia del ser y no ser, de la palabra.
Hana Ichi Momme (La mujer que hay en ti, de mi) Zaid Vila de Mil ( El hombre que hay en ti, de mí)
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